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El Real Madrid pasa por penaltis en el derbi más intenso
Gallagher anota en el primer minuto, Vinicius falla un penalti en el 70 y el VAR invalida el penalti a Julián por tocar dos veces
Tremendo, otra vez, son las palabras que vienen a la mente con la clasificación del Madrid a cuartos. El conjunto blanco sigue agrandando su leyenda en Champions, sin faltar a su cita con la historia y la épica. Demostrando una vez más que es el rey indiscutible de Europa.
Y eso que no lo tuvo fácil, en el primer minuto el Real Madrid ya iba por detrás en el marcador y perdía la mínima ventaja con la que se presentaba en el Metropolitano. El Atlético cumplió a rajatabla el manual de las remontadas, el Metropolitano era una auténtica caldera y los jugadores rojiblancos salieron a por todas, con sangre en los ojos.
Los jugadores blancos no se habían terminado de ajustar la camiseta cuando el balón ya estaba en la red de Courtois, tras un mal rechace de Asencio en el medio campo el balón le llegó a Julián Álvarez, que abrió la banda a su compatriota De Paul, que sin ser inquietado por Mendy, puso un tenso pase raso que el mismo Asencio no fue capaz de rechazar dejando el balón muerto para que Gallagher, que estuvo más rápido que Valverde, remachara a placer.
Pintaba muy mal para el Madrid y el plan de Simeone y el Atlético iba sobre ruedas, el Metropolitano soñaba, parecía que hoy sí, que era su noche. El Real Madrid era inocuo frente al Atlético a pesar de tener más de un 60% de la posesión, pero el bloque bajo del Atlético estaba muy bien plantado y no se perdía ni un gramo de concentración en las ayudas y coberturas. El cambio total de la banda izquierda atlética dio resultados y dejaron seco a Rodrygo. En cuanto un extremo del Real Madrid recibía la pelota tenía a dos jugadores encima de ellos, en ocasiones incluso tres.
Los blancos se estrellaban una y otra vez en el muro rojiblanco. El Madrid movía la pelota de un lado a otro, pero sin encontrar espacios, no los dejaban los locales y la velocidad de juego de los blancos tampoco era excesivamente rápida para inquietar a los rojiblancos.
En todo esto, Bellingham andaba perdido y desubicado, el inglés lo intentaba y se dejaba el alma, pero la falta de soluciones y de pizarra de Ancelotti condena en ocasiones al ostracismo al de Birmingham.
Mbappé tampoco despierta y se encontraba enjaulado entre toda la jauría atlética, venía a recibir a medio campo para poder tocar la pelota, algo que provocaba que el último jugador del Madrid estuviese a unos 35 metros de la portería de Oblak, con casi todos los jugadores rojiblancos por detrás del balón.
Y el Atlético cuando robaba sabía sacar la pelota con maestría con la calidad y temple de De Paul y Griezmann que manejaron el juego a su antojo. A pesar de que Griezmann no tuvo su mejor partido y perdió varios balones en pases fáciles, pero seguía habiendo claridad para sacar el balón jugado.
Julián era el más peligroso del Atleti, le hacía falta medio segundo para liarla y su facilidad para armar la pierna y su potente disparo obligaba a Courtois a emplearse al máximo, en el 25 el portero belga obraba su primer milagro de la noche.
Vinicius lo intentaba y era el único que conseguía generar algo de peligro, en una internada suya por la banda generó un centro que tocó en la mano de Giuliano. La mano no está en posición antinatural pero estaba muy despegada del cuerpo. Se han pitado penaltis por mucho menos, no es el más claro y se puede entender las dudas, pero el VAR debió entrar.
El Madrid no se implicaba a fondo en la presión, en ocasiones los tres de arriba se aplicaban y conseguían robar o sacar algún rédito pero en la mayoría de acciones dimitían y se dedicaban a andar, ejemplo de ello es una acción en la que Vinicius sufrió falta y perdió la pelota, Bellingham cortó expeditivo la contra atlética y echó la bronca a Vinicius por quedarse en el suelo.
El Atlético ganaba todo, era más intenso y ambicioso, no había ningún duelo que cayese del lado blanco, sin tanta actitud como los locales. En la segunda parte las cosas se igualaron y el Madrid jugó algo mejor, sobre todo cuando Valverde volvió al centro del campo tras sacar a Lucas Vázquez al campo. El arrojo y sacrificio del uruguayo es digno de mención, no da un balón por perdido, no deja una gota de esfuerzo en el tintero
En el 68, un chispazo de los de arriba dejó al Madrid con la posibilidad de resolver la eliminatoria, tras una salida de Vini que dejó la bola a Bellingham, Mbappé se marchaba sólo tras el pase largo del inglés, driblaba a Giménez y Lenglet para quedarse solo ante Oblak y rematar a portería pero Lenglet le derribó. Mbappé y Vinicius acordaron que lo tiraría el brasileño que acusaría la presión y lo mandaría a las nubes. Los madridistas parecían revivir aquel penalti de Ramos frente al Bayern. Los blancos perdían una oportunidad de oro de la que podrían acordarse.
Al contrario de lo esperado y visto en el derbi de Liga, Simeone se demoró mucho en los cambios y Ancelotti los hacia antes de lo que tiene acostumbrado. Sorløth y Correa entraron al filo del tiempo reglamentario para buscar el gol en la prórroga con todos los delanteros frescos. Pero a punto estuvo de no hacerle falta, en el último minuto Correa recibió un balón en el área, controló de manera inverosímil, le hizo un sombrerito a una torre como Rüdiger y empaló de volea, pero le dio con el exterior y se fue alto. Si lo mete el Metropolitano se cae y tenemos mejor gol de la Champions.
Con todo y con eso el partido se fue irremediablemente a la prórroga. Empezó como había terminado el partido, con una ocasión muy clara de Correa, que es un peligro cuando sale desde el banquillo, Oblak le puso un pase de 75 metros en el pie, el argentino la dejó muerta de manera impecable y decidió pasar a Sorløth pero Rüdiger mandó el balón a corner.
Cada esfuerzo pesaba, las piernas acalambradas no daban para más, se perdían balones con facilidad y había muchos más espacios pero no había fuerzas para llegar a ellos o taparlos. Bellingham se fue creciendo con el paso del partido, de menos a más y era de los pocos que aguantaba con entereza en la prórroga, sin escatimar esfuerzos.
En la prórroga el Madrid fue superior, lo intentó más y tuvo más oportunidades que en los 90 minutos, aparte de la de Correa, el Atlético poco más inquietó durante el tiempo extra y parecía conformarse con los penaltis.
Las dos eliminatorias más igualadas de octavos decididas por penaltis, (un método algo injusto pero que permite dilucidar cuando hay tantísima igualdad que el combate es nulo y no se puede decidir ni a los puntos).
Empezó lanzando el Madrid, algo que a priori da ventaja, Mbappé sentía la presión, de Bilbao, del Mundial, pero no falló. Sørloth tampoco lo hizo para los Atléticos y Bellingham siguió con los aciertos. Todos abajo por la izquierda del portero, todo apuntaba a una tanda larga ya que nadie parecía fallar.
Le tocaba a Julián Álvarez, el argentino metió un golazo sin querer, ya que resbaló y el balón entró rozando el larguero, todo parecía en orden y Valverde se disponía a lanzar su penalti, pero los jugadores del Madrid se quejaron y el VAR avisó a Marzciniak de que Julián había golpeado dos veces el balón y debía ser anulado, así fue.
Valverde anotó y lo celebró con rabia, premio a la constancia y el esfuerzo del charrúa. El siguiente lo lanzó Correa que también acertó a pesar de que Courtois adivinó y tocó el balón. Turno para Lucas, especialista en estas lides, alguien que está por encima de la presión y que ha metido su penalti en todas las tandas en las que ha chutado, que se lo digan a los colchoneros en Milán. Pues esta vez falló. El Metropolitano estallaba en júbilo, volvían a tener opciones. Pero poco duró la alegría, Marcos Llorente la tuvo para empatar pero la mandó al travesaño, y el espíritu de Juanfran sobrevoló el coliseo atlético. Le tocaba a Endrick pero finalmente fue Rüdiger quien tomó la responsabilidad de tirar el último y mandar al Madrid a cuartos tal como hiciese en el Etihad. Lanzó el alemán, pero Oblak lo vio tan fácil, se confió tanto que se le escurrió de las manos, como la eliminatoria. Al final el más loco de todos reinó en la absoluta locura.
Una vez más el Atlético no puede con su gafe en Europa y su bestia negra en el viejo continente. Cayó con honores lo hizo todo para pasar pero otra vez el Real Madrid deja una de esas noches inverosímiles para el recuerdo. Fiel a su ADN, imposible de entender para los demás mortales.
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