Crónica Mundial Ciclismo Kigali

Pogacar revalida el arcoiris con otra exhibición histórica

El esloveno no dio opciones con un ataque demoledor a 100 de meta, Evenepoel se redimió en una carrera en la que se peleó con todo y contra todos para ser segundo, Ben Healy se quedó con el bronce


Tadej sigue haciendo historia, escribiéndola con letras de oro y a su manera, parece que todo esta a su alcance y su único límite es el mismo. Kigali prometía emociones fuertes, primer Mundial en África, colorido espectacular en unas calles abarrotadas y un público entregado. El Mundial más duro de la historia, 5128 metros de desnivel, de los celebrados a más altura, en el corazón de los grandes lagos africanos, y la alta humedad, que jugaron un papel crucial en el desarrollo de la carrera.


En los primeros 100 kilómetros ya habían abandonado más de 30 ciclistas, y ni siquiera había llegado lo más duro. La organización, hábilmente, puso una trampa a 100 de meta con la que querían explotar la carrera, el mont Kigali, casi 6 kilómetros al 6,8% seguido inmediatamente después y sin descanso del Mur de Kigali, un rampón de solo 300 metros pero casi un 15% de pendiente media, y adoquinado, ahí Pogacar hizo una escabechina y reventó la carrera.


Quedaban más de 100 kilómetros y en el pelotón no aguantaban más de 30 corredores, cuando Pogacar arrancó solo Ayuso pudo seguirle, el español se grapó a su rueda hasta el final del Mont de Kigali, en el pequeño descanso hasta el Mur, Isaac del Toro pudo entrar pero cuando comenzaron el Mur, el alicantino no pudo seguir el ritmo y Pogacar se quedó solo con del Toro.


Ayuso ilusionaba a España mientras el UAE disfrutaba viendo a tres de sus actuales ciclistas en las tres primeras posiciones. Mientras Evenepoel se hundía. El belga estaba muy incómodo, tenía problemas con su sillín y cambió de bici. 


Poco a poco se empezó a ver a del Toro incómodo, Pogacar hablaba con él y daba la sensación de que, a 77 de meta, no se quería ir solo, pero el méxicano no pudo más y el esloveno se cansó de esperar, le quedaban 66 kilómetros por delante para seguir escribiendo su historia, para dejar sus particulares ‘memorias de África’, para moldear el tiempo a su son e imagen y semejanza, corría contra el mismo, contra la historia. 


La carrera no estaba finiquitada, tenía apenas 30 segundos de ventaja sobre el grupo trasero que se juntó, pero no se organizaron, nada les aseguraba poder haber pillado a ‘Tadeo’ pero su suficiencia no parecía darles chance, y ante esa sensación de dominio se empequeñecieron, es cierto que con tintes también algo amarrateguis, había varias selecciones bien representadas como Francia e Italia y no se organizaron para tirar e ir a por la carrera, ni siquiera plantearon batalla, quisieron conservar fuerzas y dejaron ir a Pogacar si ya solo por su misma potencia no se hubiese ido ya.


Por detrás otro de esos campeones irrepetibles se iba abriendo camino hacia la plata contra todo pronóstico, si a alguien se le hizo larga la carrera fue a Evenepoel, le pasó de todo y pasó por todos los estados. Vimos la peor y mejor cara del belga, rabieta infantil con dos cambios de bicicleta parado en el arcén esperando el coche, golpes a su bicicleta, hundido en el Mont Kigali tras el ataque de Pogacar. Pero el belga no se escondió ni se arrugó y sacó el orgullo para progresar y luchar por medalla. 


No se rindió en ningún momento, otros se hubiesen bajado pero el siguió peleando y demostró ser el mejor del resto, anduvo muchos kilómetros acompañado de Healy y Skjelmose Jensen pero se sabía que no les iba a dar opciones e iban a llegar todos de uno en uno. 


Se fue en solitario pero no fue capaz de robarle algún segundo a Pogacar, la emoción de la carrera quedaba en saber quién se llevaba el último escalón del podio. Pero Healy merecía cerrar su año perfecto con un metal mundialista, y así lo hizo, no se hablará tanto del irlandés, hay gestas mayores como las de ‘Poggy’, pero Healy ha hecho un año para encumbrar, etapa en el Tour con exhibición, liderato y bronce mundial, para enmarcar. 


Al final queda la sensación de que al podio subieron los que tenían que subir, los que se lo merecían, siempre es así, pero esta vez más, sobre todo por como se desarrolló la carrera y la pasaron cada uno de los integrantes del podio, llegando uno a uno y luchando contra todo. 


Siempre quedará en el recuerdo la cabalgada agónica pero incesante de Pogacar, sin necesidad de subir del minuto pero manteniéndolo a rajatabla, cada paso por Kimihurura como un paso más cerca de la gloria, llevado en volandas por el público, como si pedaleara para llegar a un arcoiris, pero real.

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