Crónica Marruecos - Senegal Final Copa África
Pape Gueye da el ‘Senegalazo’ en Rabat en la final más insólita
Brahim falló un penalti en el 98´ que mandó el partido a la prórroga tras un amago de abandono por parte del equipo senegalés
Rabat vivió una de las finales más insólitas que se recuerdan, pintaba a noche histórica para Marruecos pero nada que fuese a pasar a los anales de la historia del fútbol en letras de oro. Pero la locura se desató, propio del fútbol africano, Marruecos se plantaba en la final como gran favorita a llevarse su Copa África y recuperar el entorchado que se les resistía desde hace 50 años.
Los leones del Atlas buscaban cerrar una gran Copa África en la que han ido algo de más a menos pero han hecho de la solvencia su gran aliada, recibiendo sólo un gol en los seis partidos anteriores y comandados por un Brahim estelar con 5 goles en el torneo.
Enfrente unos leones de Teranga, que jugaban su tercera final en cuatro ediciones del torneo continental africano y que se consolida como potencia en África, de la mano de su estrella, Sadio Mané.
Los locales fueron quienes más acusaron los nervios, la presión y el miedo a perder, el equipo Senegal fue más lanzado y directo pero a la vez con una gran contención en defensa con tres centrales y con dos marcas individuales que desconectaron y borraron del mapa a la brújula del equipo de Regragui, Brahim.
A los cinco minutos de partido Senegal ya pudo adelantarse por medio de Pape Gueye a la salida de un córner con un remate a bocajarro que Bono palmeó, el susto se le metió en el cuerpo tanto al equipo como a la hinchada marroquí.
Senegal puso músculo e hizo imposible el juego fluido de Marruecos, a El Kaabi no le llegaban balones y sus estrellas en la medular, El Aynaoui y Brahim estaban perdidos por la superioridad en el centro del campo de los leones de Teranga, el único que generó algo de peligro real pero lejos de su mejor versión fue Abde, que no dejó de intentarlo, pero sin gran acierto, Antoine Mendy que jugó su primer partido en esta Copa África y en la final sostuvo muy bien al extremo con las ayudas de Lamine Camara.
Achraf trataba de prodigarse en ataque pero menos de lo que está acostumbrado, se pasó el partido corriendo para atrás apagando fuegos en defensa como el líder que es del equipo magrebí.
El partido se fue al descanso 0-0, el partido estaba parejo, aunque Senegal se iba con mejores sensaciones, pero el resultado no se entiende sin las paradas de Bono.
El arquero marroquí se vistió de Courtois para sostener a su equipo con paradas de todos los colores, de las más destacadas una a Iliman Ndiaye poco antes del descanso con una parada que recordó a aquella de Casillas a Robben.
En la segunda parte Marruecos salió algo más animada y no tardó en tener su primera oportunidad que marró El Kaabi delante de Mendy, El Khanouss le sirvió un pase delicioso pero el del Olympiacos abrió demasiado el pie y se fue rozando el palo. Poco después Abde tuvo otra tras una contra, el balón le llegó a El Kaabi cuyo remate blocó un defensa, el rechace lo cogió Abde pero a su tiro le faltó rosca.
Iban pasando los minutos y las ideas se espesaban y las fuerzas empezaban a flaquear, se empezaban a abrir los espacios y a generar ocasiones en ambas áreas. Mbaye, que salió de refresco, se inventó una gran ocasión que obligó a Bono a adornarse con una palomita.
La tensión y presión cada vez se notaban más, hasta que llegaron los últimos minutos y se desató la locura, en pleno descuento gol anulado a Senegal por falta de Seck a Achraf antes del remate a gol de Sarr, no fue un gran contacto pero suficiente para pitarla, los colegiados se curan en salud con las faltas en ataque.
Si en la falta en ataque el contacto fue suficiente no lo fue así en el penalti a Brahim, tras un centro lateral, que no había quedado en nada, Doiuf comete la temeridad de coger a Brahim por la espalda.
En un primer momento el árbitro no vió nada, un acalorado Brahim protestaba como nunca y el VAR avisó al colegiado, en algunas cámaras sí que se veía que pudiera ser penalti, pero en las repeticiones se intuía que el contacto no era suficiente y que Brahim se deja caer, aun así el colegiado terminó pitando el penalti, para no dejar mal a sus compañeros.
Lo que pasó acto seguido ya es historia del fútbol, el equipo senegalés se indignó y quiso impugnar el partido retirándose a los vestuarios instigados por su propio seleccionador, Pape Thiaw, consideraban inaceptable el penalti pitado y más aún tras el gol anulado de forma polémica.
Tras varios minutos el gran grueso del equipo se retiró del campo y solo Mané se quedó, como estandarte de la deportividad y la elegancia el equipo marroquí se apoyó en él para hacer entrar en razón a sus compañeros y que recapacitasen para volver al campo, tras casi diez minutos se consiguió que los leones de Teranga volvieran al terreno de juego y el penalti se pudiese ejecutar.
Parece que a Mané fue al único que se le pasó por la cabeza que cabía la posibilidad de que el penalti se fallara, y así fue, no se sabe porque y nunca se sabrá y dará que hablar y pie a diversas teorías, como toda la situación surrealista y rocambolesca, pero Brahim chutó el penalti a lo Panenka y Mendy lo detuvo sin despeinarse.
Era justicia poética, Marruecos no merecía ganar así y el partido si una prórroga, pero Brahim estuvo a solo 11 metros de llevar a Marruecos a la gloria 50 años después. Y se llegó irremediablemente a la prórroga.
Ya no había fuerza en las piernas ni ningún orden sobre el verde, todo eran espacios abiertos y ahí aprovechó el equipo de Senegal para hilar una jugada que acabó con una galopada impresionante de Pape Gueye que coronó con un latigazo por la escuadra, imposible para Bono.
A partir de ahí los locales tiraron de orgullo para tratar de empatar, pero con más ganas que energía y acierto, aún así estuvieron cerca de encontrar el premio en alguna ocasión. Finalmente Senegal fue campeona y los jugadores marroquíes cayeron exhaustos.
Gloria para una gran Senegal que se confirma como una de las mejores selecciones de África con una generación de oro comandada por Mané, al que hay que darle las gracias por mantener la templanza, la razón y la deportividad. Quien sabe si él no hubiese estado si Senegal hubiera sido campeona.
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