Crónica Real Madrid-Bayern Munich Cuartos Champions Vuelta

El Madrid cae eliminado en Champions con honor y luchando hasta el final (4-3) (6-4)

Los blancos se había adelantado hasta en tres ocasiones, con un doblete de un excelso Guller y Mbappé hasta que el árbitro dinamitó el partido con una absurda e injusta expulsión a Camavinga, y los bávaros sentenciaron con un jugador más


Murió el Madrid en la orilla, o más bien le mataron, cuando ya había hecho lo más difícil. Vincic en un arrebato de protagonismo dejó con uno menos a los blancos de la forma más absurda, y ahí acabó toda resistencia blanca. 


Ni los más madridistas tenían esperanza en su equipo, aunque siempre queda el run run de “es el Madrid y es la Champions”, los más optimistas tenían motivos para creer porque el resultado era ajustado y las sensaciones de los últimos 20 minutos en el Bernabéu es a lo que tenía que agarrarse el equipo de Arbeloa.


Lo que ni el más optimista podía augurar es que a los 30 segundos de juego la eliminatoria ya estuviese empatada y el Madrid por delante en el marcador. Todas las cábalas y pronósticos quedaron obsoletos en el primer minuto de juego. Neuer regaló el balón a Guler que no se pensó en disparar de primeras desde 35 metros y alojarla en las mallas, cada vez más confianza del turco en esa gran zurda que posee. 


No podían empezar las cosas mejor para el Madrid, al que se le abría otro partido nuevo y ya había hecho lo más difícil. Pero poco duró la alegría, en el segundo córner botado por los bávaros, Lunin hizo una salida extraña y Pavlovic remató sin oposición en la misma línea de gol.  


A partir de ahí el Bayern empezó a dominar y a contar casi cada ataque por córner, se hincharon a botar desde la esquina en la primera mitad, pero el equipo español no volvió a conceder las facilidades del primer gol, Militao estuvo expeditivo en todas las jugadas por arriba y se marcó un partido imperial, de esos que se echaban de menos. 


Los locales dominaban pero el Madrid no se partía, es más, a pesar de su arriesgada apuesta de cargar centrocampistas y ninguno defensivo no salió mal e implicó más que nunca a estos. Valverde no pudo lucir su juego y pulmón como en los últimos encuentros porque bregó de lo lindo en defensa, al igual que Bellingham y Brahim, el inglés con un trabajo sucio vital para robar y salir desde atrás ayudado por Brahim y Guler, el turco no rehuyó y se hizo con la manija del juego blanco, bajaba hasta la base de la jugada para recibir y empezar a construir casi con los centrales.


Hasta Mbappé se permitió bajar y recuperar algún balón en defensa y bajar a recibir para dar amplitud en las bandas, sobre todo la de Vinicius para darle balones a la carrera. 


El Bayern empezó a bajar el pistón en el ritmo de circulación del balón y en la presión, ya no era tan asfixiante como en los primeros minutos en los que los blancos solo podían recurrir al pelotazo. Ahí los de Arbeloa empezaron a sentirse cómodos saliendo como aviones en las contras. 


Y el partido se volvió loco con ocasiones en ambas porterías, Lunin sacaba una gran mano a Kimmich y en la jugada siguiente Brahim recibía falta en la frontal. Estaba entre Guler y Trent, pero la confianza auguraba que sería el turco quien lanzase y era muy probable que anotase, y así fue. Golpeo espectacular, fuerte y colocado, con algo de ayuda de Neuer que hizo un movimiento raro sin lanzarse a por el balón, noche extraña la del arquero teutón. 


Pero otra vez los blancos no supieron retener la ventaja, los locales empezaron a acogotar al Madrid, movían la pelota de un lado a otro intentando encontrar el hueco, y Upamecano lo encontró filtrando un gran pase a Kane, que hizo una de las suyas, Trent perdió su marca y no perdonó. 


Pero el equipo merengue demostró personalidad, no se achantó y fueron a buscar el tercero. Vinicius avisó con un disparo al larguero y en una jugada muy parecida, Bellingham sirvió en largo para el brasileño que asistió para que Mbappé anotase, la que no había anotado unos minutos antes. 


El partido se convirtió en un intercambio de golpes, parecía más un combate de boxeo que un partido de fútbol, el Real Madrid no paraba de recibir golpes cuando era el primero que los daba pero siempre le quedaba uno por dar y tenía que ser el último que conectase un golpe. 


La segunda parte comenzó como la primera, intercambio de golpes. Kompany introdujo a Davies por Stanisic para darle toda la banda al canadiense que es un puñal por la izquierda. Él mismo provocó una ocasión clarísima al poco de la reanudación en un balón que sirvió a Luis Díaz tras una jugada por la banda que sacó Bellingham casi debajo de los palos. 


En la otra portería Neuer trataba de redimirse con un paradón de portero de balonmano a un disparo a bocajarro de Mbappé, tras un balón perfecto de Trent, esos pases marca de la casa . El francés realizó un remate cayéndose casi de escorzo que recordó a aquel segundo gol que metió en la final del Mundial de 2022. Sigue a un gran nivel, sobre todo goleador, pero este Mbappé no es ese del hat-trick en la final del Mundial ni el que se merendó él solo al Madrid y Barcelona en sus campos en Champions.


En una jugada posterior el mismo francés acabó una jugada en la que tenía a Vinicius completamente solo. El brasileño le devolvió después el favor rematando al aire un pase de la muerte a un metro de la portería cuando Bellingham también pudo haber rematado.


El Madrid incluso estaba perdonando, venían para ser goleados y los locales podían dar gracias incluso porque la eliminatoria siguiese empatada. La tensión se palpaba en el ambiente se podía cortar y las fuerzas ya escaseaban. Arbeloa preparaba cambios pero el equipo no estaba para tocarlo, los once estaban perfectamente compenetrados entre ellos, metidos de lleno en el partido tremendamente concentrados. 


La duda era a quien quitabas porque todos estaban dando un gran nivel, saliese quien saliese iba a sonar inverosímil y había el miedo de que desestabilizase al equipo, pero había algunos jugadores muy cansados y el primer sacrificado fue Brahim por Camavinga. 


Quedó palpable que estar en el partido de inicio era un grado, el francés perdió la marca en el centro del campo y placó a Musiala que ya se iba, amarilla clara, la típica falta táctica que hay que hacer, pero que acarrea cartulina siempre. El Madrid sufría con los arreones del Bayern, Trent le rebañó el balón a Luis Díaz cuando estaba delante de Lunin y el ucraniano palmeó un gran disparo de Olise que afinó un poco tras una acción anterior casi calcada. 


El francés que hizo su “agosto” en la ida con Carreras lo pasó mal con Mendy, el único jugador que no necesita rodaje, que solo juega tres partidos al año, que no es especialmente bueno y cuyo buen tiempo parece que pasó, que no sabe atacar ni jugar con los pies pero cuando se enfrenta a un equipo grande planta un muro infranqueable y da una exhibición de cómo ser un lateral izquierdo. 


Los últimos diez-quince minutos fueron más templados sabiendo que quien cometiese un error se iba para casa, el encuentro parecía irremediablemente enfilado a la prórroga, hasta que en el minuto 86 Camavinga realizó una falta a Musiala, el francés cogió el balón para perder algo de tiempo y dar algo de resuello al equipo, algo que hacen y haría cualquier jugador, pero Vincic sacó a pasear la amarilla, que en este caso era la segunda. 


Nadie daba crédito, la amarilla es completamente reglamentaria pero excesiva y rigurosa si es segunda, el árbitro está para interpretar el juego y no aplicar un reglamento a rajatabla, sino en cada partido acabarían expulsados 4 o 5 jugadores y deberían arbitrar robots. Aparte es un fallo de poca personalidad de Vincic, que parece, que por el único motivo que sacó la cartulina es porque se olvidó de que Camavinga ya estaba amonestado. 


No exime a Camavinga de que se la jugó e hizo una estupidez, probablemente el francés firmó su epitafio y quedó sentenciado como jugador del Real Madrid, el Bernabéu no olvida estos detalles y tonterías. 


A partir de ahí el partido murió, Vincic lo hizo saltar por los aires y el Madrid se vino abajo en todos los sentidos, los bávaros lo aprovecharon un golpearon con crueldad, Luis Diaz se sacó un derechazo tras una dejada de tacón de Musiala. Si la pelota no hubiese rozado en Militao probablemente Lunin la hubiese podido parar. 


Arbeloa quemó las naves y los merengues trataron de ir a por el gol del empate conscientes de que le podían dar la puntilla, pero poco importaba un gol más que menos. Y Olise remató cruelmente con un golazo a un Madrid que ya estaba en la lona. 


Vendieron cara su piel y lucharon cual púgil reponiendose a un golpe tras otro hasta que llegó el gancho definitivo y no vino del rival, y esta vez no se pudo levantar, esta temporada ni eso. Apunto de lograr otra gesta histórica que no fue por un olvido de un árbitro, surrealista. 


Vincic nos robó la posibilidad de una prórroga histórica, de una gesta inigualable, de terminar un partido de los que generan afición, lo manchó de la peor manera posible, señalándose cuando un árbitro debe pasar totalmente desapercibido.


Y no sólo defraudó al madridismo sino a millones de amantes del fútbol que estaban presenciando un espectáculo y querían seguir haciendo y que se truncó por una desafortunadísima decisión.


Así y todo el Madrid quedó fuera de la Champions, posiblemente hubiese sido eliminado igualmente en la prórroga o contra el PSG pero por lo menos cayó de pie, como hizo contra el Chelsea en 2021, venía para ser goleado e hizo lo que se le pedía. 


Pero nada justifica la derrota ni tapa las carencias y las vergüenzas de dos temporadas desastrosas y en blanco que auguran una necesidad de reconstrucción imperiosa, necesaria y casi sin precedentes. 




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